martes, 27 de marzo de 2007

Mitologías de Guerra

Del hecho Bélico Rural a la Leyenda Urbana
Por Daniel Campo[i] y Julián Penagos Carreño[ii]

“Se me apareció el cuerpo…” -dijo uno de los jóvenes- “el mismo finadito que maté y se me puso de frente, me miro y me dijo… chinito qué hubo… abrase de acá, del parque que ahora van a llegar dos manes en una moto vestidos así y así y lo van a quebrar… ellos ya saben que usted anda por acá en el parque… el man era el primer muñeco que me tocó matar en la guerrilla… es que yo le hice un rezo al cuerpo para que me ayudara cuando me fuera a pasar algo. Pero eso sólo funciona si es el primer muerto suyo…. Y hay que rezarle una oración para que luego el espíritu se le aparezca.”(Diarios de Campo, 2005, 26)

Este es un fragmento de la narración que un reinsertado hacía sobre un supuesto intento de asesinato en su contra. En este suceso, que tiene un contexto urbano, se enlazan varios elementos de significación sobre la forma en que los desvinculados del conflicto armado entienden la realidad y en cómo esa comprensión se ha articulado a las prácticas de la ciudad. Se expresa aquí el pensamiento mítico como un “sistema simbólico de representación ordenada del mundo” (Estrada, 1994, 33) insertada en la guerra y transplantada del campo bélico a las calles de la ciudad. Este proceso de transformación de las mentalidades en contextos conflictivos es bautizado con el nombre de la “cultura de la modernidad agónica” (Celis, 1992,164) teoría que se basa en la problemática ocasionada por la entrada de una sociedad premoderna en un ambiente de modernidad, lo que resulta en realidad ser un proceso de modernización que deja de lado el progreso cultural.
Una de las características de la sociedad premoderna es el pensamiento mítico expresado como una lucha contra la negatividad del caos. “El hombre lucha para encontrarle un sentido al cosmos, para ordenarlo, definirlo y clasificarlo, para hacer de él un hogar con significado en el que pueda ubicarse e integrarse” (Estrada, 1994, 37). Por otro lado, la guerra es una de las características ineludibles de la modernidad, ya lo dice Settembrini cuando en una violenta arenga promulga que el fin último del progreso es la eliminación de la especie (Mann, 2002, 785). Entonces, ¿Qué sucede cuando estas dos corrientes se encuentran en la mente de un ser humano en el fragor del combate? ¿Cuál es la representación de la guerra colombiana desde este pensamiento mítico? Y ¿Cuál es su transformación cuando el contexto es el de una reinserción urbana? A estas preguntas intentará dar respuesta este ensayo después de dar cuenta de veinte entrevistas a reinsertados plasmadas en diarios de campo que fueron utilizados como fuente primaria para este trabajo.

Algunos Aspectos del Pensamiento Mítico sobre la Guerra
No existe el bien, solo el mal
En los relatos de los reinsertados los asuntos de la guerra están relacionados con el diablo, los duendes y las brujas. Estos personajes del ambiente religioso y mágico son poseedores de poderes sobrenaturales y son la fuente de la inmortalidad en batalla. Los reinsertados poseen múltiples relatos en donde se “mandaron rezar” o realizaron un “pacto con el demonio” con la intención de no morir en el campo de guerra.
“ pues disque hay varias formas (de invocar al diablo) … por ejemplo hay una que dicen que toca coger un gato negro y a las doce de la noche en punto… meterlo en una olla hirviendo con agua y dejarlo ahí hasta que el gato se le derrita toda la carne y le quede sólo el esqueleto… ahí usted coge el esqueleto del gato y hay que romperle un hueso que quién sabe cuál será… cuando usted hace eso entonces el diablo se le aparece por detrás…” (Diarios de Campo, 2005, 37)
A la figura del diablo se le relaciona con la trampa, con la falsedad y con la muerte “Después del pacto con el diablo, se debe ser siempre malo...”. Lo que esta frase expresa, es que la condición del demonio para otorgar la inmortalidad en batalla es la de asesinar y matar cuanto se pueda, solo así la vida del “pactado” estará segura. ¿Qué sucede en la ciudad cuando no se está en el ambiente bélico?
Los desvinculados del conflicto entrevistados hablaban de persecuciones demoníacas y posesiones de duendes y espíritus. Al parecer son tan constantes que muchas veces las personas no tienen otra opción sino la de cometer un crimen.
“es que yo tuve un pacto con el diablo”… “y la verdad es que… a mí por miedo que se me llegue a aparecer por las noches ando con eso (señala un cuchillo) debajo de la almohada… es que yo todavía me sueño con él”…” Pues con ese man la única pa tenerlo satisfecho es siendo realmente malo y matando y matando… y cuando usted deja de matar… entonces el man se le aparece… se le mete y… mejor dicho nunca lo deja en paz. Por eso es que cuando yo ingrese al programa como ya no estaba en la guerra, a mi el diablo se me aparecía por todo lado.” (Diarios de Campo, 2005, 39)

De Antihéroes y “Contras” Mágicas
Dentro de la representación mítica de la guerra existen dos antihéroes esenciales: los “rezados” y los “zorro solos”. Los primeros son aquellos que realizan pactos y no pueden ser muertos en batalla, en su mayoría las narraciones le confieren esta propiedad a los paramilitares “Pues digamos todos los paracos de allá del llano van a Acacías donde un cuchito, que ese man los reza. Un man pero resabiado.”
Otro de los personajes de esta representación mítica del conflicto es la del “Zorro Solo”, definido como un soldado del ejército de las fuerzas especiales con entrenamiento en sobrevivencia que puede durar de dos a tres meses en la selva equipado sólo con un cuchillo, una cuerda y sal. Los desvinculados demostraron temor a estos hombres, pues según ellos son “difíciles de matar” y están capacitados para asesinar sin ser vistos, ni oídos.
Pero como en toda fábula o cuento fantástico siempre existe una forma (también mágica) de matar a estos seres. Para el caso de los “rezados” la “contra” es también rezar las balas u cualquier otro objeto con el que se pueda hacer daño. El proceso consiste en limar la punta de las balas en forma de cruz y expresar una oración católica.
“por ejemplo nosotros andábamos con un cucho que el man siempre guardaba en el bolsillo izquierdo algo que nunca nos mostraba… seguramente un escapulario o algo. Y un día cogimos a un paraco rezado y eso comenzamos a darle bala como un hijueputa y eso, el man daba votes y vueltas y se movía como una culebra y nada que le pegábamos a ese perro… Entonces el cucho mandó a parar el fuego… se acercó, se quedó mirándolo, y eso lo miraba y miraba como buscándole el punto vulnerable del rezo… luego se metió la mano al bolsillo y sacó y le metió un puño al man en toda la frente y ahí lo dejó tirado. Pero nunca nos dejó ver lo que el man cargaba en el bolsillo.” (Diarios de Campo, 2005, 41)

Para apresar a los “zorros solos” los desvinculados del conflicto describían una operación especial que debía ser realizada sólo de día, pues en la noche era imposible, ya que estos seres eran muy hábiles y parecían seres “sin sombra y casi invisibles”
“Eso pa’ coger a un man de esos hay que hacer una operación que es la operación cisterna… es decir, el comandante manda a que todos nos abramos sobre la zona pero eso son varios kilómetros y luego empezamos a regresarnos en círculos hasta que por fin lo encontremos… a sí pasó con un gringo que cuando lo encontramos, eso andaba así como Rambo. En la mitad de un claro y como que ya sabía que lo veníamos siguiendo porque estaba así arrodillado mirando hacia el suelo y con una mano en la espalda como pa sacar la pistola… entonces dieron la orden de disparar y ese hp sacó el arma y así rodeado empezó a dar votes y dar vueltas y a disparar y eso nadie le daba… luego al man como que se le acabaron las balas y nos mandaron a detener el fuego porque como que el hombre andaba cruzado. Entonces el comandante se le acercó y el man ya estaba como cansado de tanto dar votes por allá cogió con la cacha del fusil de un solo golpe seco en el cuello y ahí lo dejo tirado.” (Diarios de Campo, 2005, 44)

Por medio de una interpretación estructural de estos relatos, se pueden identificar los siguientes elementos:
Sincretismo: dentro de los relatos se encuentran fusionados las tradiciones católicas como las oraciones, la cruz y los rituales, inmersos en las formas de pactos con el demonio y tratos para no morir en batalla.
Necesidad de Dios como el Salvador: la figura de Dios se ve como el personaje que puede hacer oposición al demonio y a sus artimañas, por ejemplo los “rezados” o los “zorros solos” sólo pueden ser muertos por medio de un elemento bendecido con una oración con que tenga la figura de la cruz.
Visión Dualista del Mundo: en las narraciones se puede ver que para los desvinculados entrevistados el mundo se divide en dos, en los malos y los buenos. Estos últimos representados en las oraciones y en Dios. De la maldad hacen parte el Diablo, los pactos y la muerte, y ellos (desvinculados) están emparentados con este lado de la vida, ya que la guerra es la expresión completa de lo malo y entre ellos se les otorga a los paramilitares un grado de maldad más alto, quizás por que se les identifica como las personas que realizan en mayor número, los pactos y los rezos.
Mitificar la guerra tiene su sentido. La realidad bélica aterra al hombre entonces “el mito responde al asombro del hombre ante la realidad para darle un significado que posibilite disminuir el terror y el desamparo”. (Estrada, 1994, 37)
Conclusión:
Cuando los jóvenes desvinculados y desmovilizados
* se desterritorializan a través del programa de Reincorporación a la vida civil, política bandera del actual presidente Álvaro Uribe Vélez, se ven inmersos en un violento salto de pensamientos. Sin embargo, esto parece ser lo que menos le preocupa al programa, pues su interés principal es el de reducir en número de soldados a los grupos armados ilegales, dejando en un segundo plano la integración cultural de los jóvenes a la ciudad.
Este ensayo, estudio exploratorio, es sólo una ventana a la desarticulación cultural que existe cuando en ciudades como Bogotá, donde el conflicto armado es narrado por televisión, se encuentran y desencuentran muchachos que, a través de leyendas y creencias populares, nos explican cómo han sobrevivido durante su traspaso por los grupos armados. Y aunque varios de ellos no quieren regresar a matar, añorarían volver al campo y continuar entendiendo el mundo como alguna vez sus abuelos se lo contaron. Conviviendo con la tierra y los poderes asombrosos de lo oculto.

Bibliografía:
ESTRADA, Juan Antonio, Dios en las tradiciones filosóficas 1. Aporías y problemas de la teología natural, Ed. Trotta, Colección Paradigmas, Valladolid 1994

URIBE CELIS, CARLOS. La Mentalidad del Colombiano. Cultura y Sociedad en el Siglo XX. Ediciones Alborada. Editorial Nueva América. Santafé de Bogotá, 1992.

MANN, Thomas. La Montaña Mágica. Editorial Edhasa. Madrid, España. Junio de 2002.


* la diferencia entre estos dos términos es de edad. Pues mientras desvinculados comprende a los menores de edad que pasan a ser protegidos por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar; los Desmovilizados son mayores de edad y pasan a ser asistidos por el ministerio del Interior y de Justicia.
[i] Comunicador Social. Actualmente Estudiante de la Especialización en Filosofía Política de la Universidad Nacional. Se desempeña como orientador juvenil en la comunidad educativa de Benposta Nación de Muchachos.
[ii] Comunicador Social. Joven Investigador del CINEP adscrito al área de Comunicación y Cultura.

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